- El delegado de la Federación de Caza en la provincia de Alicante afronta una nueva etapa tras más de ocho años al frente de la delegación, con la cercanía a los clubes y el futuro de la actividad como principales prioridades
Óscar, este año has sido reelegido como delegado de la Federación de Caza en Alicante después de más de ocho años al frente de la delegación. ¿Qué supone para ti esta renovación y qué balance hace de todo este tiempo?
Para mí supone, sobre todo, una responsabilidad y también un reconocimiento al trabajo que hemos venido realizando durante estos años. Cuando asumí la delegación, el objetivo era estar cerca de los clubes y de los cazadores, escuchar sus problemas y tratar de trasladar sus necesidades. Después de más de ocho años, creo que hemos conseguido consolidar esa cercanía y que la Delegación de Alicante sea un punto de referencia para los cazadores. La caza ha cambiado mucho durante este tiempo y también han cambiado las necesidades de los cazadores. Por eso, más que mirar atrás, esta nueva etapa la afronto con la misma ilusión, pero también con nuevos retos, que junto a Lorena y Albert, me ilusiona abordar.
Después de tantos años recorriendo la provincia y estando en contacto directo con clubes y cazadores, ¿cómo definirías actualmente el estado de la caza en Alicante? ¿En qué momento se encuentra el sector?
La caza en Alicante sigue teniendo mucha fuerza y mucha tradición. Tenemos miles de cazadores y una gran cantidad de sociedades y clubes que mantienen una actividad constante durante todo el año. Pero, al igual que en el resto de territorios, estamos en un momento de transformación. Hay una realidad que no podemos ignorar: cada vez tenemos más dificultades para practicar la actividad, desde la propia evolución del territorio hasta determinadas cuestiones administrativas y normativas. Al mismo tiempo, el campo está cambiando y aparecen problemas que hace unos años tenían una dimensión mucho menor, como es el caso de la fauna salvaje o la PPA. Sin embargo, esta realidad es una oportunidad para que la caza reivindique su papel como herramienta de gestión del territorio.

Alicante es una provincia muy diversa desde el punto de vista cinegético, con zonas de montaña, áreas agrícolas, humedales y también una fuerte presión urbanística. ¿Cuáles son, a tu juicio, los principales desafíos a los que se enfrenta hoy la actividad cinegética en la provincia?
Uno de los principales problemas es precisamente la transformación del territorio. Alicante ha crecido muchísimo y tenemos una enorme presión urbanística en determinadas zonas. Eso supone una reducción y una fragmentación de los espacios donde tradicionalmente se practicaba la caza. A eso hay que sumar los problemas derivados de la fauna, especialmente en determinadas zonas con el incremento de poblaciones de jabalí y otros ungulados, los daños agrícolas o los accidentes de tráfico. Y después existe otro problema que quizá no se ve tanto: cada vez hay más dificultades administrativas y normativas para desarrollar una actividad que, bien gestionada, puede ser una herramienta fundamental para conservar el equilibrio del medio natural.
¿En qué comarcas de Alicante existe una mayor afición por la caza? ¿Y hay diferencias importantes entre unas zonas y otras a la hora de practicarla?
La afición está muy repartida por toda la provincia, pero lógicamente hay zonas donde la tradición cinegética está especialmente arraigada. En las comarcas del interior existe una relación muy estrecha entre la caza, el territorio y el mundo rural. Además, Alicante tiene la particularidad de que en pocos kilómetros podemos pasar de zonas de montaña a áreas agrícolas o humedales, y eso hace que exista una enorme diversidad cinegética. Cada comarca tiene sus particularidades y precisamente por eso los cazadores somos uno de los agentes que mejor conocemos el territorio.
En Alicante tenemos además espacios especialmente sensibles, como los humedales del sur de la provincia, donde la actividad cinegética ha sufrido restricciones al convivir con importantes valores ambientales. ¿Qué papel crees que debe jugar la caza en la conservación y gestión de estos espacios?
La caza y la conservación no tienen por qué ser conceptos enfrentados. De hecho, en muchos espacios naturales la actividad cinegética forma parte de la propia gestión del territorio y de las poblaciones de fauna. Los cazadores llevan generaciones vinculados a estos espacios y conocen perfectamente su evolución. Lo que debemos conseguir es que las decisiones se tomen desde el conocimiento y desde criterios técnicos, buscando siempre el equilibrio entre conservación y actividad humana. En el caso de los humedales, además, hablamos de ecosistemas muy sensibles que necesitan una gestión adecuada durante todo el año. La caza puede formar parte de esa gestión cuando las condiciones y la normativa así lo establezcan.
Uno de los cambios más evidentes en el mundo de la caza es también el perfil del propio cazador. ¿Cómo ha evolucionado el cazador alicantino en estos últimos años? ¿Qué diferencias encuentras entre las nuevas generaciones y las anteriores?
El cazador ha evolucionado mucho. Hoy existe una mayor conciencia sobre la conservación, sobre el respeto al medio ambiente y sobre la necesidad de hacer una caza responsable y sostenible. Las nuevas generaciones también tienen otra forma de relacionarse con la información. Están mucho más conectadas, conocen mejor la normativa y tienen acceso a mucha información sobre gestión de fauna y conservación. Lo que sí debemos conseguir es que esa incorporación de jóvenes sea mayor. La caza, al igual que el resto de grupos que forman parte del mundo rural, necesita relevo generacional porque detrás de cada sociedad de cazadores hay también una parte importante de la gestión y del cuidado del territorio.
Se habla mucho del relevo generacional, pero también de la necesidad de que la sociedad conozca mejor qué hay detrás de la actividad cinegética. ¿Qué crees que sigue sin entenderse bien de la caza y de la labor que realizan los cazadores en el territorio?
A día de hoy, todavía existe un gran desconocimiento, especialmente entre las nuevas generaciones que viven de espaldas al campo. Muchas veces se identifica la caza únicamente con el momento del disparo y no se conoce todo la labor indispensable de equilibrio de especies que hay detrás. Un cazador está durante todo el año en el monte, detecta cambios en las poblaciones de animales, realiza tareas de prevención de incendios, participa en la gestión de las especies y, en muchos casos, realiza actuaciones de conservación y mantenimiento. Tenemos que ser capaces de explicar mejor esa realidad. No se trata de convencer a todo el mundo de que tiene que ser cazador, sino de que la sociedad entienda que detrás de la actividad existe una gestión y que los cazadores forman parte de ella.

La caza afronta cada vez más restricciones y cambios normativos, tanto a nivel autonómico como nacional y europeo. ¿Tienes la sensación de que se está poniendo cada vez más difícil ejercer la actividad cinegética?
Sí, esa es una sensación bastante extendida entre los cazadores. Cada vez tenemos más normativa, más requisitos y más limitaciones, y en ocasiones se toman decisiones sin tener suficientemente en cuenta la realidad del territorio. Lo que reclamamos no es que no exista regulación. La caza tiene que estar regulada y tiene que ser sostenible. Lo que pedimos es que las normas tengan sentido, que estén basadas en criterios científicos y que se tenga en cuenta la experiencia de quienes están todos los días en el campo.
Y mirando hacia los próximos años, ¿qué te gustaría haber conseguido cuando termines esta nueva etapa al frente de la delegación?
Me gustaría, sobre todo, que la caza en Alicante siguiera teniendo futuro y que consiguiéramos que las nuevas generaciones siguieran sumándose a su práctica. También me gustaría que se reconociera cada vez más el papel de los cazadores en la gestión del territorio y que las administraciones nos tengan muy presentes s a la hora de abordar los grandes problemas del campo. Y, por supuesto, seguir estando cerca de los clubes y de los cazadores. Después de tantos años, creo que esa es precisamente la función principal de un delegado: escuchar, conocer los problemas que existen en cada zona y tratar de ayudar a solucionarlos.